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domingo, 25 de agosto de 2013

Erase una vez

¿Había una vez un Arlequín en otoño?, se murmuran por las calles que anda un arlequín locamente enamorada, feliz y desafiando al mundo; ¿Pero quien será?.
Ese loco personaje al mirarlo se enamoro de repente, dicen que fue a primera vista, pero cabe destacar que en ese momento no era un Arlequín; ¿Quién era ella?; nadie sabe solo se encerró en ese disfraz para poderse acercar. En ese desventurado pueblo comentan que cuando ella lo vio temió conocerlo, en aquel momento sintió miedo de abrazarlo, pero con el tiempo temió en quererlo y fue tan loco ese amor que nunca ella pudo descifrar que fue lo que él hizo para que ese loco bufón no lo dejara de ver y pensar en el miles de noches enteras.
Con el tiempo ella decidió conquistarlo, se disfrazo de aquel Arlequín enamorado, brincando por los techos de las casa, las personas pensaban que era el ZORRO; pero no, era ese Arlequín locamente enamorado. Ella brincaba noche anoche por los techos de las casas hasta llegar a la indicada, tocaba la puerta y dejaba presentes que aquel joven le gustaban, muchas noches dejo rosas y rojas, para demostrar la pasión que ella sentía por él, miles de partituras para que él las tocara en ese adorado piano, relojes para saber el tiempo de su vida, de esa locura; las frases de su vida, escritos, dedicatorias… No dejaba de mirar esa luna llena, tan llena de amor como estaba su corazón, dibujaba miles de notas en un pentagrama para que sean tocadas por el, haciendo que tal vez las estrellas las escuchen cuando ella las vea.
Durante noches hizo eso, mientras a él la duda lo mataba, lo agobiaba y lo perturbaba, pensó que teniendo una amada, ese loco arlequín de olvidaría de lo sucedido… Al tiempo ese joven encontró a su Cortejada, presentándola ante el mundo, mientras ese arlequín lo miraba desde lejos llorando, sola y triste. Ya las estrellas no brillaban como antes, ya la luna no sonreía con ese arlequín que la alegraba con sus locuras de otoño. Al tiempo era tanta la tristeza de ese arlequín que en el pueblo se empezó a rumorar sobre ella, ya no salía de su escondite, ya ni gracia tenia, se fue matando poco a poco por esa tristeza.
Al enterarse el joven, se arrepintió del daño causado, se dio cuenta que debió conocer a ese misterioso payaso, que era la fantasía con la que soñaba, las ganas de conocerla y destruir la intriga que lo abrumaba. Decidió buscarla, arriesgarse en ese misterioso sueño de otoño que lo siguió durante meses, sin pensarlo y sin esforzarse mucho la encontró en su tejado, decidió no hablar, la tomo de las manos, la beso en la mejilla, ella le respondió con el mismo gesto, un beso tierno y divertido… El la abraza y le quita el sombrero y con una toalla retira el maquillaje de su rostro, que escondía tanta belleza. Al quitárselo por completo se dio cuenta que era la chica tímida de la biblioteca, la que lo miraba a través de los libros, la ternura brotaba de su ser, y la belleza la rodeaba sin temer. Aprendió a ver más allá de un maquillaje, de las locuras de amor que el ser humano es capaz de hacer, entregar su tiempo a los más míseros y tontos detalles de un misterio. Y para culminar un beso a la luz de la luna llena; y esa luna llena de magia para aquel Arlequín loco de Otoño.