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jueves, 9 de mayo de 2013

Un historia

Una niña ha nacido en un día de tormenta, los truenos y relámpagos le dan la bienvenida. Su primer respiro fue el último de su madre, y las lágrimas de su padre nunca estuvieron presentes. Una niña le ha sonreído a la muerte, la ha abrazado inocentemente, y el ángel de las despedidas la bendice con cariño, le regala una cruz como presente. Las canciones de ancianas la rodean como si ella fuera el amuleto de sus esperanzas, creen en el poder de su sonrisa, de sus suaves manos, de su belleza incomparable. La bautizan como Ester, la estrella que nunca muere.

Los años pasan y la niña crece, sus cabellos brillan como su mirada, toda una dama camina con la nobleza que lleva en la sangre, sus labios rojos son tentaciones de los hombres, pero ninguno se atreve a decir su nombre. El tiempo le ha enseñado los secretos de la juventud, nació para estar siempre admirando la vejez ajena. Algunas veces se ha preguntado por qué se le concedió envidiable deseo, por qué debe conocer todos los acontecimientos. Ha caminado por el bosque en busca de respuestas, sus pensamientos viven la tormenta de su nacimiento, y son ellos mismos quienes recuerdan el nombre de su padre.

La quinta anciana que cuidó de ella le contó una historia: “Había un caballero vestido de armadura azul, un guerrero insaciable de conquistas, quien nunca mostró su rostro porque decían que su mirada causaba la muerte. Sin embargo en uno de los pueblos que atacó, una mujer se le enfrentó, era la más bella, y su sola belleza le causó la derrota al combatiente. Desde entonces el corazón del guerrero quedó atrapado, no podía sacar esos sentimientos puros de su interior. La mujer sabía que tenía poder sobre él, y decidió aprovechar la oportunidad para matarlo y calmar su ser que pedía venganza, para ella él no merecía perdón, sobre todo después de haber asesinado a su familia. Pero nunca contó que cuando el caballero le enseñara su rostro ella se quedaría cautivada con sus ojos, con la ternura que él le expresaba. Nunca se imaginó que con un beso él se convertiría en el dueño de su vida. La noche designada como el día de la venganza se convirtió en la noche del amor. Él la hizo suya con toda la pasión que un hombre puede ser capaz de sentir y ofrecer. Cuando los dos despertaron al día siguiente la gente que había confiado en la misión de la mujer sintió tanto odio por los resultados que empezaron a lanzar maldiciones sobre ella. Como los aldeanos eran descendientes de brujos pidieron a la muerte que se lleve la descendencia de dicha mujer. El guerrero, mago oculto, conjuró a la mujer, él sabía que de esa noche nacería su primogénito, pero a cambio debía de ofrecer algo para que se cumpliera, y lamentablemente tenía que ser con otra vida. Le explicó a la mujer y ella se ofreció, le pidió que cumpliera ese deseo. Él no quería pero tenía que proseguir. Entonces quedó pactado que el día que naciera su primogénito la mujer perdería la vida. Él no estuvo presente cuando nació una niña, sus lágrimas prefirieron alejarse aunque la mujer solo decía su nombre: Gabriel.”

Su padre era un misterio para Ester. Gabriel un protector, eso nunca le mostró. A pesar de todo no sentía rencor alguno, a ella le gustaría verlo, aunque habían pasado tantos años la idea que él fue de quien heredó esa inmortalidad seguía presente, para ella él aún vivía.

Una mañana Ester salió a caminar como tenía costumbre, solo que ésta vez recorrería otro camino, el cual estuvo evitando muchas veces, como si hubiera algo peligroso; pero, tomó valor y se adentró por el sendero que ya estaba marcado, habían muchas rosas, de todos los colores, se sentía alegre con cada paso que daba y el miedo iba desapareciendo. Al final llegó a un riachuelo, había en sus orillas una estatua de un hombre muy hermoso, tenía en su mano izquierda una rosa y en la derecha una estrella. Se acercó y lo admiró, tocó sus pies y notó que había una placa con dedicatoria, la cual decía: “Aquí dejé mis lágrimas mi estrella, tenía que sembrar el nombre de tu madre, y me convertí en piedra para ser tu fortaleza. Gabriel y Rosa vivirán contigo para siempre.”

Ester lloró por primera vez, y sintió el perfume de su madre y la fuerza de su padre. Desde entonces su inmortalidad sería usada para ayudar a todos los descendientes de las víctimas de su progenitor, y haría que su madre conozca el mundo en cada rosa que cultivaba en sus viajes. Ester no muere, pues es la estrella de la tierra, bendecida por el amor de un hombre y una mujer.