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martes, 11 de diciembre de 2012

Vuelo sin orillas

Abandoné las sombras,
Las espesas paredes,
Los ruidos familiares,

La amistad de los libros,
El tabaco, las plumas,
Los secos cielorrasos;
Para salir volando,
Desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
Las amargas cornisas,
Las calles desoladas,
Los faroles sonámbulos,
Las muertas chimeneas,
Los rumores cansados,
Desesperadamente.

Ya todo era silencio,
Simuladas catástrofes,
Grandes charcos de sombra,
Aguaceros, relámpagos,
Vagabundos islotes
De inestables riberas;
Pero seguí volando,
Desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
Una luz calcinante
Se interpuso en mi ruta,
Me fascinó de muerte,
Pero logré evadirme
De su letal influjo,
Para seguir volando,
Desesperadamente.

Todavía el destino
De mundos fenecidos,
Desorientó mi vuelo
De sideral constancia
Con sus vanas parábolas
Y sus aureolas falsas;
Pero seguí volando,
Desesperadamente.

Me oprimía lo fluido,
La limpidez maciza,
El vacío escarchado,
La inaudible distancia,
La oquedad insonora,
El reposo asfixiante;
Pero seguía volando,
Desesperadamente.

Ya no existía nada,
La nada estaba ausente;
Ni oscuridad, ni lumbre,
Ni unas manos celestes
Ni vida, ni destino,
Ni misterio, ni muerte;
Pero seguía volando,
Desesperadamente.