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martes, 21 de agosto de 2012

La cara en la ventana


ya hace más 15 años, cuando era un niño. Apenas tengo memoria de las cosas que transcurrían en esa época, exceptuando lo que paso esa noche.

Parecía ser una noche común dentro de mi hogar. Típicamente la luz de la cocina que llegaba hasta mi cuarto permanecía encendida, a pedido mío. Ya desde pequeño no me gustaba la oscuridad; bien se sabe que el miedo de los niños es aprendido, no innato. Lo que no recuerdo es por qué empecé a tenerle miedo a la oscuridad en primer lugar. En esa época mi hermano y yo solíamos dormir en camas separadas en el mismo cuarto. Ya nos habíamos despedido de nuestros amados padres para así ir a dormir con tranquilidad como era de costumbre. El cuarto era relativamente oscuro, donde solo llegaba la luz de la cocina que nos brindaba cierta seguridad.

A la mitad de la noche para mi mala suerte me desperté, no recuerdo la hora porque nunca la vi. No había relojes dentro del cuarto. Tenía ganas de ir al baño. Estaba en mi cama echado boca arriba, me levante de golpe. Justo mi mirada daba directo con la ventana que daba al patio. Y ahí lo vi.

Como era niño no me asuste, al menos no inmediatamente, sentí curiosidad. Lo vi directamente a los ojos, claro que sin despegarme de mi cama en ningún momento. Solo era un rostro, una cara en la ventana completamente inmóvil. Recordarlo aún es incómodo. Su piel era color café, con agujeros negros en su cara. Sus ojos eran verde fosforescente. Aquello estaba gritando, lo se por la expresión en su rostro, pero no emitía sonido alguno. Podía ver claramente sus dientes, eran enormes y curiosamente de igual color de su piel, no se diferenciaba donde empezaban los dientes y donde terminaba la piel.

Después de unos momentos contemplándolo con una curiosidad inocente, fue entonces que sentí como el miedo se apoderaba de mí. Grité, con todas mis fuerzas y con todo el aire de mis pulmones, Le grité a mi hermano para que se levantara, es mi hermano mayor aunque vivía molestándome sabía que contaría con su ayuda. Pero el miedo me hizo una mala jugada, mis gritos no son escuchados, aunque lo hago con todo mi ser no salen sonidos de mi boca, cual película de ET, Estaba aterrado.

Volví a ver hacia la ventana y aún estaba allí… viéndome… No tuve más alternativa que recostarme y taparme con mi sabana. Tuve miedo de que pudiera entrar de alguna manera a mi cuarto. Estuve esperando horas, horas interminables. Hasta que por cuestiones de la vida mi madre salió de su cuarto. Sin pensarlo dos veces salte de mi cama, salir del cuarto y corrí llorando hacia ella, mi protectora. Finalmente mi hermano se levantaba.

Le conté lo que pasaba. Vi nuevamente a la ventana y la cara ya no estaba. Fue como una maldita broma del destino, ¿Por qué se fue? su presencia era la única evidencia que tenía, que no estaba imaginándolo, como acostumbran a decir los padres.

No pude dormir tranquilamente durante mucho tiempo. Ahora le temía aún más a la noche… a la oscuridad.

Este recuerdo lo tenía enterrado en lo más profundo de mis pensamientos, puesto que lo fui ignorando hasta que conseguí la paz que necesitaba al oír una frase en un programa sobre fantasmas y espectros: “Ellos generalmente acosan a los que creen que existen, a los que buscan su presencia por curiosidad”, así que yo decidí no hacerles caso nunca más, decidí mentirme y tratarle de nunca buscarle explicación a lo sucedido. Pero ya ha pasado mucho tiempo, y quiero ahora saber que era.