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sábado, 28 de julio de 2012

Muroï, el vampiro que llora.

El Muroï integra una raza de vampiros de la región de República Checa. Su nombre, evocador como el casi todos los vampiros folklóricos, significa literalmente "destino" o "fatalidad".

El vampiro Muroï nace cuando una persona maligna muere, cuestión que lo ubica como un hematófago notablemente popular entre políticos y banqueros. Para asegurarse de que el Muroï no retorne de la tumba se debe remover su corazón. Si esta precaución es pasada por alto se debe pedir la asistencia de un médico brujo o chamán para que se enfrente directamente con el engendro, batalla que a menudo se da en un plano estrictamente físico, en otras palabras, a los garrotazos.

El Muroï posee un rostro rojo como el ocaso, y suele anunciar sus ataques con un prolongado llanto que paraliza a quienes lo oyen. Se dice que su lamento no es escuchado por todos, sino únicamente por quienes terminarán siendo sus víctimas.

Durante el día el Muroï se oculta en su ataúd. Para descubrir la ubicación precisa de su tumba se debe llevar un caballo a pasear por el cementerio. Si el animal se rehusa a pasar por encima de una tumba determinada, seguramente está ocupada por este vampiro.

Para exterminar definitivamente al Muroï se debe exhumar su cadáver durante el día, luego ensartarle una aguja a la altura del corazón, y finalmente arrancar la piel entre el dedo pulgar y el dedo índice con unas tijeras de acero. Nadie ha logrado interpretar satisfactoriamente la importancia de esta mutilación, aunque algunos eruditos arrojados conjeturan que el Muroï utiliza la piel interdactilar para simular su llanto soplándo a traves de ella.

Todo parece indicar que cuando este sistema falla, el Muroï puede morir nuevamente si se lo reduce a cenizas. El único problema es que quienes han escuchado su llanto lo oirán eternamente como un zumbido lejano y aterrador que palpita en lo profundo de los oídos. Más aún, existen casos de personas que se han perforado los tímpanos al levantarse de la cama con un leve zumbido, señal inequívoca de que durante el sueño han escuchado el llanto profético de uno de los vampiros lacrimógenos menos dotados de la mundo.