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martes, 17 de julio de 2012

Especies de Vampiros Tipo A

Abchanchu -Anchanchu
Abchanchu -llamado también Anchanchu- es una raza de vampiros de Bolivia, residente inmemorial de las cuevas del altiplano.

El Anchanchu se muestra bajo la apariencia de un anciano bondadoso, calvo, obeso y sonriente. Algunos lo describen vistiendo ropas antiguas recamadas en oro y portando un sombrero plateado de ala ancha. Sus características centrales, al menos aquellas que ponen en guardia a los viajeros del altiplano, son su cabeza y su sonrisa gélida, perpetua, petrificada en sus labios.

El Abchanchu es un
vampiro que siempre se acerca a sus víctimas mediante el engaño. Su estratagema más habitual es mostrarse como un anciano en problemas. Con ampulosas solicitudes reclama la asistencia de los viajeros con algún problema en el hogar. Aquellos que ingresan en el cubil del Anchanchu no volverán a ver la luz del día.

Modernos estudios folklóricos del altiplano boliviano revelan los profundos matices de la leyenda de Abchanchu. Su ropa indica un linaje divino, es decir, perteneciente al remoto panteón quechua, reducido y exiliado por el avance del cristianismo. De todos modos, el Anchanchu no sólo se ceba con la sangre de extranjeros. Los propios bolivianos evitan a toda costa las grutas y cuevas del altiplano, temiendo oír el acecho de las pisadas ominosas del Abchanchu. Incluso aquellos que sobreviven sus ataques, dicen los ancianos, pronto mueren debido a una extraña infección que la medicina no ha sabido detectar. De hecho, estos vampiros convertidos tienen un nombre propio: Anchanchun uñkata, Los que han sido mirados por Anchanchu.

A principios del siglo XVIII el Abchanchu fue recluído -mitológicamente- en las regiones más inaccesibles de la montaña. Una centuria después, el Anchanchu reapareció en aldeas y comarcas a lo largo de Bolivia, no así a lo ancho; ya que la región oriental le es comprensiblemente indiferente. De
vampiro insaciable se convirtió en anegador de campos, causante de incendios y muertes sospechosas en las haciendas; más aún: el Anchanchu se transformó en un demonio atmosférico, en una criatura que tiene potestar sobre los vientos y tempestades. Los ancianos sugieren el siguiente encantamiento si uno se topa con un viento sospechoso en la montaña:

Pasa, pasa Anchancliu, no me hagas ningún mal, porque el Mallcu me ampara.

En la región de Uyuni el Anchanchu todavía conserva su naturaleza vampírica. No reside en el viento ni la ampara la tormenta. Recorre las planicies salitres con su eterna sonrisa, hablando dulcemente y arañando los cristales de las ventanas. Cuando la noche helada del salar llega a su cénit, y los incautos no han trabado puertas y ventanas, el Abchanchu ingresa en los hogares y realiza sus operaciones vampíricas con prolija eficiencia.

Abhartach, la fuente de Drácula
Abhartach (a veces llamado: Avartagh) es una criatura de las leyendas irlandesas y una de las fuentes de inspiración de Bram Stoker para su celebérrimo Drácula (Dracula, 1897). Si bien Vlad Tepes proporcionó la silueta, el nombre, y el contexto histórico para el Drácula de Stoker, Abhartach fue el vampiro mítico detrás del vampiro histórico.


Abhartach: su historia:
Durante mucho tiempo, Abhartach fue asociado erróneamente a
Abartach, un elfo cazador del mito de Fionn mac Cumhaill. El primer compendio moderno de leyendas en agrupar sus historias fue El origen y la historia de los toponímicos irlandeses (The Origin and History of Irish Names of Places, 1875), de Patrick Weston Joyce, quien resume el mito de Abhartach en los siguientes términos:

Hay un lugar en la parroquia de Errigal, Derry, llamado Slaghtaverty, que debería llamarse Laghtaverty, el laght o el monumento sepulcral del Abhartach. Este
vampiro era un nigromante y un tirano terrible. Después de haber cometido grandes crueldades, fue vencido y asesinado por un jefe vecino; algunos dicen que por el propio Fionn Cumhail. (Abhartach) Fue enterrado de pie, pero al día siguiente reapareció, más cruel y vigoroso que nunca. Fue abatido por segunda vez y vuelto a enterrar, pero otra vez escapó de la tumba y extendió el terror por el país entero. El jefe entonces consultó con un sacerdote, y según sus direcciones, mató al nigromante por tercera vez, enterrándolo en el mismo lugar, pero con la cabeza hacia abajo. El laght levantado sobre el nigromante todavía sigue ahí...

Aquí surge la primera confusión entre Abhartach y el conde Drácula. En 1997,
Peter Haining y Peter Tremayne publicaron un excelente ensayo sobre Drácula llamado: El No-Muerto: la leyenda de Bram Stoker y Drácula (The Undead: the legend of Bram Stoker and Dracula). Allí se cita equivocadamente un pasaje del Forus Feasa Air Éirinn (Historia de Irlanda), de Geoffrey Keating, donde se consigna la leyenda de Abhartach mezclada con la de un repulsivo enano celta.


Abhartach, el vampiro:
La leyenda del vampiro Abhartach se remonta al siglo V d.C. y sobrevive en una infinidad de canciones y cuentos populares. Haciendo un recuento somero de las tradiciones folklóricas de Abhartach podemos decir que se trata de una criatura sobrenatural que retorna de la tumba para beber la sangre de sus enemigos. El "jefe" que cita Joyce, confundiéndolo con Fion mac Cumhail, es en realidad Cathrain, una especie de Johnatan Harker, y el "sacerdote", nada menos que un druida, el Van Helsing de esta extraordinaria leyenda.

Hasta aquí la conexión entre la leyenda de Abhartach y Drácula es insostenible en términos argumentales. Pero vayamos más a fondo:

El druida del mito original asegura que Abhartach es un
Neamh-mairbh -una especie de vampiro zombi cuyo nombre significa No-Muerto- y un Dearg Diliat -"Bebedor de sangre"-. Sólo se lo puede matar clavándole una estaca de madera de tejo en el corazón, y luego enterrarlo boca abajo o bien reducirlo a cenizas. En ambos casos se debe rodear la tumba con un círculo de espinas y sellarla con un dolmen, el Laght que menciona Joyce.

Cathrain (o Catháin) es un antiguo nombre irlandés que sobrevive en el apellido O'Keane, y que siempre se asoció con los cazadores de esperpentos. Uno de los nombres de Abhartach en gaélico irlandés es Fear na droch fhola, que significa Hombre de mala sangre. Si resumimos aún más este epíteto nefasto nos quedaría: Droch Fhola -Sangre impura-, que en realidad se pronuncia: Droc'ula.

Vale aclarar que Bram Stoker era irlandés, y que la leyenda de Abhartach no le era desconocida. Pensando en voz alta me animo a decir que Drácula no se construye únicamente sobre aquel despiadado noble rumano, así como es absurdo atribuirle un origen exclusivamente irlandés. La leyenda irlandesa de Abhratach jugó su parte, como sin dudas lo hicieron muchas otras fuentes que, hasta el momento, nadie ha sabido interpretar.


Súcubos
Los Súcubos son el producto inevitable de las fantasías eróticas de la edad media. Son criaturas femeninas, a veces demonios, otras vampiresas, que adoptan la forma de una mujer irresistible, y se introducen en los sueños, e incluso en las alcobas, de sus víctimas.


Significado de la palabra: Súcubo.
La palabra Súcubo es una contracción del latín Succubus, que significa yazgo debajo, o Succubare, yacer debajo. Es decir, un Súcubo es alguien -o algo- que queda debajo de otra persona. El término explica bastante bien las tendencias poco acrobáticas de estas
vampiresas sexuales, aunque no deja de ser peyorativo, ya que en Roma se conocía a las prostitutas de arte mezquino -o amarrete- como Succubas, las que yacen debajo. En otras palabras: las muertitas.


Víctimas de los Súcubos.
En la edad media se creía que los Súcubos atacaban únicamente a personas de carácter sensible, o que estuviesen sujetos a cierto ascetismo sexual, tales como los jóvenes y los monjes. Algunos empiristas han querido ver en la figura del Súcubo una explicación fantástica para las poluciones nocturnas, ejercicio imprevisible y decididamente inconveniente para la vida monástica.


¿De qué se alimenta un súcubo?
Ciertamente los súcubos no efectúan sus asaltos por amor al sexo.
El Martillo de las Brujas (Malleus Maleficarum) observa oscuramente que los Súcubos recolectan el semen de los monjes para realizar siniestros rituales, detalle congruente con la idea medieval de que los demonios no pueden reproducirse.

Otras versiones más cercanas al
vampirismo anotan que los Súcubos se alimentan de sangre a través de pequeñas incisiones realizadas en el pecho de las víctimas en pleno fragor amoroso.

Pero el verdadero ataque del Súcubo se consuma mucho después del sexo. Se dice que sus víctimas ya no pueden dejar de pensar en ellas. Su recuerdo se mantiene vivo y horroroso a través de los días, haciendo imposible que los desdichados funcionen en la vida social. Los estados melancólicos provocados por los Súcubos han sido extensamente detallados, y casi todos coinciden en la cura mediante severos baños fríos y regios ayunos carnales.


El aspecto de los Súcubos.
La apariencia de los Súcubos no es universal, cambia en en función de las fantasías sexuales de su víctima. Los comentadores medievales coinciden en hablar de mujeres de una belleza sobrenatural, irresistible, pero siempre con algún detalle que revela su naturaleza demoníaca, tales como tener los pies embarrados, colmillos excesivamente agudos, orejas afiladas, y otros matices aterradores.

Varios eruditos precipitados ubican a
Lilith, la madre de los vampiros, como el primer Súcubo; olvidando que el mito de Lilith se construye sobre la idea de que ella se resistía a adoptar una posición pasiva durante el sexo, es decir, a someterse a Adán; motivo por el que Dios la condena al desierto bajo la forma de una serpiente descomunal. Quizás esta apariencia serpentina, rasgo que a veces surge en las extremidades de los Súcubos, sea la razón de su inclusión en esta estirpe infernal.


El Súcubo más aterrador.
El único Súcubo que ostenta cierta popularidad es el demonio Abrahel, a quien se lo llama: La reina de los súcubos. No obstante, esta fama discreta no se compara con el horror que transita las inmensidades desérticas en la leyenda de Súcubos más inquietante de todas.

Tiene lugar luego de la primera cruzada, cuando las tradiciones árabes comenzaron a filtrarse hacia occidente. Algunos caballeros afirmaban que en el desierto se hallaba un Súcubo particularmente cruel, de aspecto femenino, embriagador, llamado Um al Dua. Se la describe emitiendo una fragancia narcótica y cabalgando sobre un asno blanco. Todos aquellos que caen bajo el influjo de sus aromas se arrojan en sus brazos, sólo para yacer triturados por su sexualidad dentada (recordemos que el
mito de la vagina dentada es de los más populares y arcaicos de la humanidad). Cada tanto -anota la tradición- llegan a los pueblos ciertos caminantes de apariencia desgraciada, con la mirada perdida, exánimes, famélicos, balbuceando extrañas historias sobre vulvas dentadas y besos amargos.

Éstos son los despojos gastronómicos de aquel Súcubo de las arenas interminables.


Adze
Las Adze (se pronuncia: ads) son una raza de vampiros de Togo y Ghana, África.Mircea Eliade vocifera que Adze significa algo así como: similar a un hacha, una herramienta bastante común en las tribus africanas. Las Adze son vampiresas; pero diametralmente opuestas a sus hermanas europeas, americanas y asiáticas.

Las Adze son espíritus. No tienen antecedentes terrenales. Es decir, jamás fueron humanas. Eliade sugiere que en Ghana se aparecen bajo la forma de un brillo tenue, similar al destello errático de las velas que alumbran los modestos funerales de aquella región. También suelen dejarse ver como luciérnagas.

En Togo, en cambio, las Adze emergen bajo la forma de un escarabajo negro que se desliza directamente en las bocas de las hechiceras tribales.

Esta incorporación de las Adze por parte de las hechiceras de la tribu toma lugar en medio de arcaicas ceremonias y prolijos julepes. Las madres se ocultan en sus chozas con sus niños, ya que las Adze sólo pueden alimentarse con la sangre del niño más joven de la tribu.

Varios etnólogos describen el paroxismo que invade las comarcas cuando se produce el ritual de las Adze. Las viejas danzan frenéticamente alrededor del fuego, entonando maldiciones, mientras los hombres se ocultan virilmente en la maleza. Luego de varias horas de jarana, en las que no falta alguna rima picante, las Adze comienzan a visitar una a una las casas de la aldea hasta que dan con el infante adecuado. Una vez capturado, el niño es llevado al centro del festival y devorado hasta los huesos.
Radcliffe-Brown advierte que -en la leyenda- las Adze son dejan de ser inmortales en el instante en el que se incorporan al cuerpo de las hechiceras, y se pregunta, con razón, por qué las madres y padres de los niños secuestrados no reaccionan debidamente contra este comportamiento hamatófago. Eliade, más campechano, desliza que las hechiceras reemplazan secretamente al niño por un cerdo, cuya carne fulmina a las Adze, consumando de este modo un doble engaño.


Afrit: Efrit: Afreet: Efreet
Afrit es una raza de vampiros de África. Otras variantes de su nombre son: Afreet, Afreeti, Afrite, Efreet, Efreeti, Efrit, Ifreet. Todos derivan de una criatura vampírica muy popular en el folklore musulmán: los Ifrits.

Según la
leyenda africana, cuando una persona es asesinada los Afrit rondan el lugar donde se produjo el hecho, buscando la última gota de sangre en caer al suelo. Se dice que los Afrit pueden pasar varias semanas, incluso meses, en encontrar la gota adecuada. Sobre ella, o alrededor de ella, los Afrit van desarrollando consistencia, abandonando el mundo de lo intangible para convertirse en vampiros hechos y derechos.

Las
tradiciones africanas poseen varios remedios para evitar el alzamiento de los Afrit. La primera de ellas, y la más accesible al lego, es limpiar prolijamente los sitios donde alguien fue asesinado. Si pasan tres días sin efectuar la limpieza, el lugar se vuelve inaccesible; maldito; ya que de realizarse en ese momento el Afrit retorna únicamente a atormentar al comedido bajo la forma de una columna de humo.

La forma más efectiva de deshacerse de los Afrit consiste en, primero dejarlos nacer, y luego clavar una varilla de metal en el lugar exacto donde cayó la última gota de sangre del occiso.

Ya en plena forma, los Afrit huyen a las arenas inmemoriales. Allí adoptan formas terribles, similares a la silueta rubicunda y cornífera del demonio medieval.



Etimología de Afrit: Efrit:
Afrit significa Nómada, pero en un sentido terrible. Ya que alude a los espíritus salvajes del desierto, cuya dieta, en general, se reduce a la sangre reseca de quienes caen abatidos por el calor.

Agriogourouno
Agriogourouno (Agriogourouno) es una raza de vampiros de Macedonia y Grecia.

En realidad, el Agriogourouno es la silueta que adquieren los vampiros turcos en la Hélade, que no es otra que la de un regio cerdo salvaje.

Los macedonios creían que algunos turcos se
convertían en vampiros después de morir. El procedimiento fue detallado por Ulfilas de Creta, quien jamás se cruzó con un turco; y era el siguiente: al morir, los hechiceros de oriente se transforman en el Agriogourouno, un jabalí descomunal que bebe la sangre de sus compatriotas.

Este horror no está libre de la magnífica ironía griega. Los musulmanes no comen cerdo. Razón por la cual los griegos imaginaron un cerdo que come musulmanes.


Agta; Agre: vampiros filipinos
Agta (llamados también Agre) son una raza de vampiros proveniente de las islas Filipinas.

Se trata de
vampiros prosaicos, escurridizos. Su dieta, tan insólita como irreproducible en otras mitologías, se basa en el pescado.

Algunas tribus filipinas no han razonado que los peces sólo viven en un medio acuático, y que su sistema respiratorio colapsa fuera de él. Con lo cual, la muerte de los peces es un misterio que han explicado mediante los Agta.

Para estas tribus, los peces no mueren al abandonar el agua, sino al ser atacados por el
vampiro Agta instantes después de ser atrapados por el pescador. Según las leyendas, los Agta siguen a los pescadores en sus incursiones, ocultándose en algún rincón de sus embarcaciones, listos para absorber la energía vital de los peces cuando estos son sacados de su medio natural mediante redes y otros artilugios.

El pescador filipino, siempre atento a su economía, no rechaza ni teme la presencia del Agta. Por el contrario, la estimula con canciones y danzas vigorosas.

Los Agta son proverbialmente invisibles, aunque existe un método para verlos: inclinarse hacia abajo lo suficiente como para ver a través de las piernas. Luego de esta operación acrobática los pescadores filipinos se dan a la mar, seguros de que habrá buena pesca.


Aipalookvik: vampiros de Alaska
Los Aipalookvik son una raza de vampiros provenientes de las gélidas regiones del ártico: Alaska, Groenlandia y el norte de Canadá.

Algunas
leyendas atribuídas a los intrépidos marineros del norte y a los habitantes de las costas aseguran que los Aipalookvik emergen de las aguas como un cadáver corrupto y fétido. Se dice que estos vampiros desprecian la sangre. En cambio, prefieren deshollar a sus víctimas y vestirse con sus pieles. Como anota el profesor Lugano, si tenemos en cuenta las condiciones extremas del ártico no es ilógico pensar que sus vampiros prefieran abrigarse, postergando las ya clásicas viandas hamatófagas.

Una vez engalanados con la piel de su presa los Aipalookvik adoptan su personalidad, incluso habitan descaradamente en las casas y botes de sus víctimas, aunque abstraídos y, en general, taciturnos.



Aisha: diosa de los vampiros
Aisha Qandisha, a veces llamada simplemente Ayesha, es la diosa de los vampiros de la región de Cártago.

Aisha, junto con
Lilith, la madre de los vampiros, es una de los súcubos más aterradores y antiguos de la mitología. Su nombre significa: La que adora ser mojada. Recios investigadores árabes sostinenen que el epíteto proviene de un extraño tratamiento cosmético, al que Cleopatra no fue indiferente, que consistía en embadurnarse el rostro con semen.

Otros estudiosos, acaso menos propensos a elucubraciones lascivas, sostienen que Ayesha es nada menos que Qadesha, aquella dama sexualmente libre del templo de Caanan que servía a la diosa Astarté.

El argumento tendencioso sobre el orígen demoníaco de Aisha sirvió a los propósitos del Vaticano, especialmente durante las cruzadas, ya que Aisha era, según dicen, la esposa preferida de Mahoma, una especie de reencarnación de aquella deidad vampírica al servicio del enviado de Alá.

Erradicado el fervor demoníaco en Europa, Aisha pasó a engrosar el panteón de diosas africanas. Se la ubica en las costas de Marruecos como una mujer bellísima, aunque con un defecto insoslayable: posee patas de cordero.

Mitógrafos entusiastas advierten sobre la danza de Aisha, que enloquece a los viajeros, convirtiéndolos en candorosos esclavos sexuales. Una vez agotados, Aisha bebe la sangre de sus amantes y deja los huesos a su Djinn personal, Hammu Qaiyu, eternamente celoso de los amoríos de su señora.

No obstante su descenso de los mitos a las tradiciones populares, descenso debatible por cierto, Aisha conserva algunos rasgos de su origen divino. Sólo se la puede matar con una daga de hierro, que deberá asegurarla firmemente a la tierra. Esta operación, vale aclararlo, no la elimina permanentemente, apenas destruye su cuerpo, el cual se regenera con el cambio de las estaciones.

Para enfrentarse a Aisha se deben tomar los siguientes recaudos: entrar en un estado de trance, mediante el cual se podrán eludir las pulsiones erectiles que provoca la diosa, y atacarla con el ojo derecho vendado, ya que este es quien se confunde por la belleza de Aisha, impidiéndole al héroe de turno advertir las soberbias patas de cordero de la diosa.

En Babilonia se recomendaba enviar soldados previamente masturbados para enfrentarse a la diosa, con la esperanza de que el agotamiento sexual funcionase como antídoto para las insinuaciones letales de Aisha. Protero, un ciudadano romano en Cártago, sostuvo que los babilonios eran unos amanerados, y se lanzó al yermo sin tomar las recomendaciones mencionadas. Se dice que Aisha perdonó su intrepidez, y que aún hoy vaga en las arenas interminables balbuceando mitos que ya nadie recuerda.


Akakharu: vampiros caldeos
Akakharu (llamado también: Akakarm, Akakhura, Akhkharu, Rapganmekhab) es una raza de vampiros mesopotámicos.

La historia de Akakharu fue encontrada en una tablilla caldea del tercer milenio antes de Cristo.

El
relato afirma que cuando la diosa Ishtar descendió al inframundo con la intención de rescatar a su hijo -y amante- Tammuz, pronunció una terrible maldición sobre el mundo: levantaría -dijo- a los muertos para devorar la carne de los vivos.

El resultado de aquella promesa nefasta fueron los Akakharu, entidades semisólidas que, en determinadas fechas, emergen de la tumba para saciarse con la carne y la sangre de los vivos.

Los Akakharu poseen todos los rasgos de la muerte. Sus cuerpos continúan descomponiéndose aún fuera de la tierra, y sólo mueren cuando se declaran satisfechos de sangre.

Modernos estudios lingüísticos afirman que la antigua profecía de Ishtar fue malinterpretada, y que la palabra Ukha fue erróneamente traducida por "devorar", cuando en realidad significa "enfermar". El detalle no sólo abochorna a los traductores griegos, sino a los Akakharu, quienes también parecen haber entendido mal el mensaje de la Diosa. Incluso hoy se niegan a aceptar aquel honesto malentendido y continúan cebándose en los humildes residentes del viejo Éufrates.


Alouqua.

Alouqua (Alouqa) es la madre de una temible raza de vampiros femeninos provenientes de las leyendas hebreas.

Esta vampiresa es una verdadera experta en el arte amatorio, operación que normalmente lleva hasta las últimas consecuencias.

Al contrario que los Íncubos, Súcubos y vampiros sexuales en general, Alouqua no se demora más de una noche en sus víctimas, ni prolonga innecesariamente el rito sexual. Su capacidad amatoria es tan descomunal que sus amantes no resisten más de una sesión antes de perder definitivamente la cordura. De hecho, tal como señala Langton en La Démonologie, un encuentro amoroso con Alouqua deriva siempre en la locura y, posteriormente, el suicidio.

Esto se debe a una lógica perfectamente defendible. Hacer el amor con esta vampiresa es el punto máximo del placer sensual. Después de ello sólo restan dos alternativas: el ascetismo carnal o la muerte. Muchos, apunta Langdon, eligen el segundo camino por ser el más fácil.

En la antigüedad la judería poseía talismanes que prevenían el asalto de Alouqua, hechos de bronce, sedas y combinaciones cabalísticas, las cuales nunca fueron afines a la sensualidad. Por otro lado, el gueto de Praga (detallado magníficamente por Gustav Meyrink en El Golem -Der Golem-) recibía visitas periódicas de Alouqua, quien se mostraba piadosa con los moribundos, otorgándoles la potencia viril para una última noche antes de partir.

Versiones antiquísimas relacionan a Alouqua con Lilith, la madre de los vampiros. Según se dice, fue ella quien asistió a Lilith en el destierro, enseñándole a enloquecer a los hombres, aunque su poder jamás podría ser igualado ya que Alouqua no proviene de los círculos del mundo, sino que fue forjada antes de él, en algún remoto pensamiento de Yahvé que los sabios han tomado la precaución de no mencionar.

Alp, un elfo vampiro.
Alp (Alp) es una raza de vampiros de Alemania, proveniente del pasado más remoto del folklore pre-ario.

El Alp no posee una forma definida, mejor dicho, posee muchas, tan cambiantes y fantásticas que muchos lo confunden con otras criaturas de las leyendas nórdicas. Originalmente, Alp significaba Elfo, aunque de un modo despectivo, haciendo mención a los Elfos Oscuros de la mitología
. Los únicos detalles que se continúan a lo largo de los siglos son: el Alp siempre utiliza un sombrero blanco, y cada cinco minutos sufre un fuerte ataque de tos, durante el cual escupe polillas y mariposas nocturnas.

Generalmente, los Alp son masculinos, o se muestran como masculinos. Pueden asumir la forma de cualquier animal, aunque prefieren mostrarse como pájaros, gatos, perros, cerdos y serpientes. Poseen una fuerza física notable, incluso pueden volverse invisibles a placer.

Durante muchos años se asoció a los Alps con los demonios, de hecho, se lo incluyó en varios tratados demonológicos. Pero lo cierto es que, por definición, un demonio jamás ha sido humano, y el Alp si.

Las primeras narraciones sobre este vampiro
aseguran que su retorno se produce cuando un niño muere luego del parto. Tal vez por eso los Alp adoran acechar a las mujeres, por las que sienten un vivo rencor y un deseo igualmente intenso.

Una vez que han seleccionado a su víctima, casi siempre sus propias madres, los Alp se deslizan como una nube diminuta y furtiva, justo en el momento de mayor debilidad: el sueño. Luego se sientan sobre el pecho de la desdichada, y mediante una operación labial aspiran todo el aire de sus pulmones, impidiendo que inhalen con regularidad. De este modo llevan a las mujeres a un estado de inconsciencia, durante el cual se alimentan de sangre o leche, si la dama en cuestión puede proveérsela.

Al mismo tiempo, los Alp introducen abominables pesadillas eróticas durante el proceso de succión. En la edad media hubo casos detallados -por monjas infidentes- en los que se asegura que muchas mujeres despiertan en pleno ataque, completamente imposibilitadas de gritar debido a la presión que ejercen estos vampiros
sobre los pulmones.
Henry Fuseli
ha pintado un cuadro magnífico llamado Pesadilla (Nighmare) donde se retrata el ataque de un Alp sentado sobre una mujer durmiendo, y rodeado por las visiones infernales que proyecta sobre ella (ver arriba).

Cuando el ataque posee tintes eróticos, es decir, sueños eróticos impuestos, es llamado Alpdrücke (presión de elfo), y cuando el erotismo está prolijamente ausente es llamado Albtraum (sueño de elfo), es decir, Pesadilla.
Jacob Grimm, un verdadero especialista en este Íncubo, anota que si la mujer atacada menciona la palabra Alp, éste se convierte en un amante gentil, incluso generoso, y deja de lado sus necesidades de sangre en pos del placer femenino; detalle que fue prudentemente eliminado de los tratados demonológicos del romanticismo, ya que el reencuentro incestuoso de una madre con su bebé es, francamente, demasiado para la psiquis consciente.

Los animales, en cambio, tienen menos suerte cuando son atacados. El Alp normalmente tritura la cabeza de gatos, conejos, incluso caballos, y luego pasa a alimentarse de sangre y materia gris.

Algunos sostienen que el verdadero alimento de los Alps son los sueños
, más concretamente, las pesadillas. Leyendas de la región de Colonia aseguran que los Alps dejan su sombra en el pecho de la durmiente, y se introducen a través de las fosas nasales como un gusano alargado y pálido, con la intención de administrar desde el interior la textura, el volumen y la intensidad de las pesadillas.

Los Alps son insólitamente fieles con sus amadas, a quienes visitan aún debiendo atravesar grandes distancias, y no las abandonan hasta que éstas mueren, o bien logran ahuyentarlos mediante los siguientes procedimientos.

El más difícil: robarle el sombrero. Sin el los Alps pierden todos sus poderes, y se convierten en solícitos esclavos domésticos. De hecho, se sabe al menos de un caso en la Germania en la que una monja conservó a un Alp durante cincuenta años, obligándolo a toda clase de labores indignantes, entre ellas, higienizar a la piadosa hermana. Jacobo Grimm se burla de esta tradición, señalando que una monja esclavizando a un vampiro
es menos impresionante que imaginarla pariendo a su futuro sirviente.

Dejando de lado las recopilaciones de Grimm, jugosas, por cierto, más coloridas que útiles para comprender las implicaciones del mito, los Alp provienen de la situación más traumática que puede vivir una mujer: la muerte de un hijo. Los Alp son un reflejo de este horror, sus necesidades lácteas lo confirman en una de las imágenes más horrorosas que nos ofrece la
mitología nórdica: el cadáver de un infante, deforme y contrahecho, vistiendo un absurdo sombrero blanco, igual al de los recién nacidos bajo la égida de Wodan, arrastrándose como un insecto descomunal para beber la leche del seno materno.

En la región teutona de Kiel, se explica mediante los Alp el hecho de que algunas mujeres sigan produciendo leche luego de la muerte de su hijo; y aún más, en una balada espeluznante sobre la Tarnkappe, una madre infortunada alaba las visitas del Alp, último despojo del alma de su hijo, cuyas visitas vampíricas son el único consuelo que le queda.


Vampiros en la Biblia.Aluga, una vampiresa bíblica.
La Biblia está plagada de vampiros, aunque no de los vampiros del romanticismo o del período victoriano, sino de ásperos vampiros mitológicos, criaturas volátiles e inhumanas que entran y salen de los infiernos con diferentes características, muchas de ellas, inauditas.

Aluga es una antiquísima
vampiresa sexual. Su primera aparición certera es en Babilonia, donde se la conocía como Alu o Alukah'a. Allí atacaba a los hombres durante el sueño drenando su energía mediante vigorosas sesiones de sexo, de modo que podemos definirla como una Súcubo, es decir, una mujer vampiro dedicada exclusivamente a los placeres carnales.

Alu pronto fue absorbida por
Alouqua, aquella despampanante maestra de Lilith -sobre la cual ya hemos hablado-, y luego por nuestra hematófaga del día: Aluga.

La palabra hebrea Aluga es traducida normalmente como "sanguijuela", aunque no apunta a esa simpática criatura chupasangre, sino a una entidad completamente diferente. En su forma moderna, Aluka ha pasado a engrosar la interminable casta de
Ghouls y vampiros necrófagos del folklore oriental, cuya existencia no remite otro interés que el de un vástago evolutivo de una leyenda en particular.

Viajemos al pasado entonces, más precisamente a Babilonia.

Alu o Alukah'a es una
mujer vampiro de origen asirio, una súcubo madre de dos hijas terribles: Deber (pestilencia) y Keeb (golpeadora), quienes luego serán parte de aquel gigantesco corpus de mitos al que denominamos Biblia. Bajo su mutación árabe, Aulak, esta vampiresa atormentó al pobre Saul en lo que seguramente fue una de sus peores trasnochadas.

La única manera de protegerse de Alukah, o Alu, era invocar el nombre del Señor, nombre que no ha sobrevivido más que en parábolas o en el rumor de las aguas. El
Talmud babilónico, siempre atento a estos inconvenientes, señala dos proverbios para combatir a la lujuriosa Alukah. El salmo 91: Shir shel Pega’im (Salmo contra los demonios), también llamado Shir shel Nega`im (Salmo contra las plagas):
¿Por qué "plagas"? Porque está escrito, Ninguna plaga se acercará a tu lugar de descanso. ¿Por qué "demonios"? Porque está escrito, Mil podrán caer a tu costado izquierdo.


Oscuro proverbio traducido a las apuradas y que, sin dudas, no obtendría el acuerdo de Joshua ben Levi, aunque contamos con su benevolencia. El Talmud señala que este probervio sólo aleja a Alukah, así como a otros súcubos menores, y que sólo Dios es capaz de aniquilarla con su puño de hierro.

Huimos de Babilonia y nos perdemos en las interminables arenas árabes. De allí emerge una de las formas más terribles de Aluga: Aluqa,
vampiresa de irresistible figura y facciones perfectas, nobles, casi divinas. No obstante, en el corazón de Aluqa habita una horrible serpiente retorcida, que la obliga, o la justifica, a atacar a los buenos esposos mientras duermen, drenándolos sexualmente en un festival carnal que no encuentra eco en los diccionarios.

Se dice que las víctimas de Aluqa terminan en el suicidio debido a la enorme culpa que sucede al desenfreno sexual. Las proezas aberrantes que inevitablemente realizan con esta
mujer vampiro anula cualquier reencuentro con la sociedad, y mucho menos con las tímidas mujeres de las arenas. Las leyendas árabes apuntan que Aluqa no puede ser destruida, y que el único medio para ahuyentarla consiste en colocar un clavo de hierro bajo la almohada, arma insólita pero aparentemente efectiva.

Finalmente llegamos a la Biblia tal y como la conocemos, residencia de Aluga, abominable
vampiresa sexual que tantas enojosas vigilias ha provocado en más de un rabí. Fuentes mediterráneas aseguran que Aluga es la reina de los vampiros del Sheol, es decir, del infierno; y que allí encabeza un ejército de chupasangres inmortales armados con máscaras de bronce.

La Biblia menciona a Aluga en
Proverbios 30:15. Allí se la traduce como Sanguijuela, palabra que refleja pálidamente los horrores que su figura debía provocar en los oyentes de antaño:


La sanguijuela tiene dos hijas que dicen: !Dame! !Dame!
Tres cosas hay que nunca se sacian;
Aun la cuarta nunca dice: !Basta!


Las dos hijas de Aluga son, desde ya, aquellas hijas de la mitología babilónica, Deber y Keeb.

Para este artículo, y otros que involucran a los vampiros de la Biblia, hemos recurrido al profesor Lugano, hombre avezado en
hebraismos y filatelia, cuya oscuridad discursiva se lleva muy bien con la dubitativa confección de este laberinto.



Fear Liath.El vampiro gris de Escocia.

Fear Liath, también conocido como: El gran hombre gris de Ben Macdhui (The Big Grey Man of Ben MacDhui), o más sencillamente, El hombre gris (The Greyman), es un extraño vampiro de las tierras escocesas, cuya reputación ha sobrevivido durante siglos, en gran parte, intacta.

Este vampiro acecha en los pasos de Ben Macdui, el pico más alto de Cairngorms, el segundo en altura de todas las islas británicas. Montañistas de todas partes del mundo han dado cuenta de sus apariciones, aunque de hecho éstas hayan sido registradas antes de la edad media por los intrépidos monjes irlandeses que exploraron la región.

Fear Liath es descrito como una criatura de proporciones descomunales, de alrededor de cuatro metros de altura, rostro cadavérico (aunque benévolo, señalan los monjes) y voz cavernosa, honda como los ignotos valles de las tierras altas.

Pseudocientíficos modernos -léase: criptozoólogos- han intentado vincular a Fear Liath con el abominable hombre de las nieves, incluso con el Yeti, con el inconveniente de que tanto el Yeti como el abominable hombre de las nieves se resisten tozudamente a cualquier clase de entrevista.

Pero la leyenda de Fear Liath precede a la ciencia moderna. La edad media conoció sus apariciones y la documentó en baladas y canciones rústicas. En ellas se menciona a un desdichado Tuatha de Dannan (raza sobrenatural y perfecta, similar a los elfos de J.R.R. Tolkien) quien abandonó a sus hermanos por el amor de una mujer mortal.

Según apunta el mito, Fear Liath se enamoró de Oriana, una hermosa doncella virgen que le retribuyó su amor con una promesa.

La encontró vagando por los valles, delicada como las hadas, y se acercó a ella con paso furtivo. Temiendo ser rechazado debido a sus dimensiones, Fear Liath le habló escondido detrás de una roca. Al interrogarlo sobre su nombre, él contestó:


Yo soy el gran Hombre Gris.


Pronto acordaron encontrarse a la medianoche en la cumbre de Ben Macdui y luego huir juntos hacia las tierra bajas y tomar el Camino del Cisne hacia la Isla de los Bienaventurados, donde ambos serían eternamente jóvenes. Oriana partió en secreto pero fue interceptada involuntariamente por la flecha de un cazador, que se retiró de la escena del accidente sin ofrecerle ayuda.

Oriana se desangró durante toda la noche, llamando en vano a su amado que la esperaba en la cima del monte.

Apesadumbrado, Fear Liath descendió con las primeras luces del alba, convencido de que su amada se había arrepentido de la promesa. La encontró agonizando, con el tiempo suficiente para que le narre su desdicha.

Oriana murió, y Fear Liath se convirtió en un exiliado de su raza. Desde entonces acecha a los hombres en los pasos montañosos alimentándose de sangre, tomando la precaución de no drenarlos completamente para así observar como la vida huye de sus cuerpos. Su presencia se reconoce en el viento como una voz gélida, inhumana, cuyas vibraciones oprimen el corazón de los caminantes.

Existe una sóla forma de evitar el ataque de Fear Liath: escuchar su historia. Se dice que si alguien observa su forma gigantesca en los pasos helados, y le solicita amablemente que le narre el recuento de sus desdichas, Fear Liath se sentará junto al fuego y repetirá, incansable, la terrible historia de su amor perdido.

Pero quien olvida escuchar su tragedia sentirá una presencia que paraliza a las aves y enmudece las aguas; y luego una voz profunda, antigua como las cumbres inmemoriales. El gigante sin tiempo se revela entonces en el camino, se acerca al viajero con los ojos llenos de noche. Sólo dirá una frase, que también es un nombre, acaso lo último que todavía le pertenece:

Am Fear Liath Mor...
(Yo soy el Gran Hombre Gris)

Anaïkatoumenos.El vampiro de Tenos
Anaïkatoumenos, a veces llamado Anakathoumenos, es un vampiro de la región griega de Tenos.

Como otros vampiros griegos, Anaïkatoumenos no necesita de sangre humana para sostener su vida de ultratumba, aunque, desde ya, no se niega a beberla cuando se presenta la posibilidad. La luz del sol tampoco es un impedimento para sus expediciones.

El Anaïkatoumenos posee algunas curiosidades que lo diferencian de otras razas de vampiros. Su nombre singnifica: Aquel que ha vuelto a sentarse; cuyo significado tiene relación directa con su leyenda.

Un Anaïkatoumenos puede ser detectado fácilmente durante la exhumación de una tumba debido a sus hábitos inquietos. En general, prefiere dormir en posición fetal, decisión que los griegos asociaron oscuramente con estar sentado. Las leyendas medievales hablan de que cualquier movimiento extraño de un cadáver en su ataúd significa que estamos ante un Anaïkatoumenos, es decir, de uno que ha vuelto a sentarse.

Una explicación menos simplista del mito del Anaïkatoumenos sugiere que éste proviene de la antiquísima rivalidad de los griegos con los pueblos del cercano oriente. Muchas historias de vampiros señalan que éstos vuelven de la tumba debido a una maldición oriental que, eventualmente, fue trasladada al Islam y luego a los turcos.

De acuerdo con las creencias islámicas, dos ángeles, Munkar y Nakeer, se aparecen ante el recién fallecido, quien debe sentarse ante la inminencia de los espíritus angélicos, operación para nada sencilla si estamos en un cubículo estrecho a cuatro metros bajo tierra. Historia análoga se da en Rumania, donde los turcos son acusados, entre otras cosas, de adoptar posiciones escandalosas luego de morir.