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martes, 31 de julio de 2012

Cerremos el mes con una historia de terror :D



¿Podría una madre olvidarse del hijo de sus entrañas?
Pues yo nunca me podré olvidar. Is. 49,15.
Empezó a oír el llanto antes de entrar a la casa.
El hombre volvió del trabajo con el último aliento de la tarde, arrastrando su sombra a través de las calles. En todo su aspecto lánguido y demacrado se notaba el agotamiento físico y la falta de sueño que su cuerpo venía reclamando a gritos.
— ¡Querida, ya llegué! —anunció el hombre en el quicio de la puerta.
No le sorprendió la ausencia de respuesta ni el hecho de que nadie venga a recibirlo. Sin embargo, el llanto constante como sonido de fondo resultó tan molesto para sus nervios siempre alterados, que a pesar de que llegaba amortiguado por la distancia, lo sintió como si una manada de gatos estuviera aullando adentro de su cabeza.
El señor Gómez apoyó su maletín sobre una repisa, se quitó el saco, lo colgó en el perchero y aflojó el nudo de su corbata. Luego fue hasta el baño, se arremangó los puños de la camisa y se lavó la cara y las manos con abundante agua. Finalmente volvió al salón comedor y se dejó caer en la silla exhalando un suspiro.
— Uff, no doy más… —resopló.
Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos sobre la mesa y miró su imagen reflejada en el vidrio de la biblioteca. Negras ojeras subrayando los ojos enrojecidos, piel anémica y grasienta bajo una barba de cinco días, la espalda encorvada y la expresión ausente en la mirada, formaban el conjunto calamitoso de su figura.
Una punzada de dolor en las sienes lo hizo desviar la vista de aquel cuadro. El llanto susurraba en sus oídos una retahíla de reclamos y lamentos, en un lenguaje visceral compuesto por lacrimosos gemidos.
— ¡Marta, ya llegué! —volvió a gritar, esta vez alzando más el tono de voz.
A continuación se escuchó un ruidoso traqueteo de ollas y utensilios de cocina, unos pasos nerviosos que se acercaban y luego la señora Gómez se asomó por una puerta lateral. Llevaba un delantal cuyo color original había sucumbido hacía tiempo bajo sucesivas capas de mugre, un hacha de cocina chorreando sangre en la mano derecha y el pelo largo y crespo recogido en una cola de caballo.
— Alberto, no te escuché entrar —dijo la mujer, jadeando—. ¿Cómo estuvo tu día?
Igual que el anterior, y el anterior, y los que vendrán… hasta el fin de los días, pensó él.
— Bien, bien… —respondió con voz cansada—. ¿Qué hay de cenar?
— Sopa de verduras —dijo la mujer, y se limpió el sudor de la frente con el borde del delantal.
El hombre suspiró. La señora Gómez adivinó el gesto de fastidio en el semblante de su marido, por eso salió de la cocina y se paró frente a él cruzada de brazos, en actitud desafiante.
— Alberto, ¿qué te pasa? —le espetó.
La pregunta era ya ritual. Ella sabía tan bien como él que su vida era un asco. Que había visto cómo sus sueños se derrumbaban uno a uno hasta quedar convertidos en un montón de ruinas. Que se sentía aplastado como una cucaracha por una rutina vacía y sin sentido: del trabajo a casa y de casa al trabajo, y a eso había que sumarle las “horas extras” que demandaba ser padre de familia.
— Nada, Marta…
No pasa nada, repitió, y sin embargo la montaña de basura adentro de su cabeza empezaba a alzarse como un dios terrible al que había que alabar y rendir tributo.
— Alberto, por favor, no empecemos otra vez…—dijo la mujer, cuando tuvo un súbito presentimiento. El instinto materno.
Un grito horrible atravesó la habitación. El llanto se tornó alarido lastimoso, una letanía sonora y discordante que desgarró los oídos del matrimonio. La mujer miró al hombre. El hombre miró al piso y luego a su mujer.
— Deben tener hambre —dijo la señora Gómez.
— Siempre tienen hambre, Marta, siempre —respondió el hombre con dureza—. ¡Hacelos callar, por el amor de dios!
— Pero… Alberto, ¿qué te pasa?
— Me pasa que no los soporto más, ¡me van a quemar la cabeza!
— No hables así, por favor.
— ¿Por qué? Si son unos malcriados de mierda, Marta.
— ¡Alberto!
El hombre la miró con un brutal deseo de insultarla. Los ojos llenos de un frío aborrecimiento.
Ante ese arrebato contenido, la mujer se envalentonó y le echó en cara todo lo que pensaba. Le dijo que él era el culpable de su angustia, que le había arruinado la vida, que era un desalmado sin corazón y que a veces tenía deseos de matarlo como a un perro.
— Sos un hijo de puta, Alberto.
El hombre se paró frente a ella, dispuesto a golpearla, pero contuvo su irritación ante una visión deprimente. Por un momento, el señor Gómez sintió que se estaba reflejando en un espejo: igual de cadavérico era el rostro de su esposa, igual de sombría su mirada, igual de abatido el cuerpo de la mujer de la que alguna vez estuvo enamorado.
— Marta.
— Alberto.
Ambos se miraron, fingiendo reconocerse el uno en el otro, evocando un pasado irreal de tan distante, pero que a fuerza de repetición terminó siendo la única realidad posible.
— ¿Te acordás cuando éramos novios?
— Sí. Éramos jóvenes. Eso fue hace mucho tiempo —reflexionó ella.
— Antes de que empieces a tener hijos —dijo él, casi en tono de reproche.
— Antes de que “empecemos” a tener hijos, Alberto —corrigió ella—, ¿no estarás insinuando que…?
— No, Marta, yo no insinúo nada.
Se sentían como si fueran los únicos sobrevivientes de una terrible tragedia: sólo los unía la resignación mutua, la pesadilla común de haber atravesado juntos el infierno.
El horror compartido.
— Alberto…
— ¿Qué, Marta?
— ¿Todavía me querés?
Silencio.
— Sí —mintió él—. ¿Y vos?
Otra vez silencio.
— Yo también —mintió ella.
En ese momento el llanto se intensificó, acompañado por un alarido horrendo. Sin decir una palabra, activado por una súbita energía de reserva en su cuerpo, el hombre se dio vuelta con ímpetu y se dirigió a grandes pasos a las habitaciones. Se paró frente a una de ellas y reventó la puerta de una patada.
Allí, agazapado en un rincón, un niño como de siete años lo recibió con un insulto. Espumarajos de rabia brotaban de su boca con cada injuria, los ojos hinchados, rojos, la cara desfigurada por la ira.
El hombre se precipitó adentro del cuarto y cuando estiró el brazo para agarrarlo el niño le mordió la mano. El señor Gómez miró la sangre alrededor de la media luna marcada con los dientes y le respondió con una violenta patada en las costillas.
— Vení para acá, mocoso de porquería —escupió.
Lo sacó de la habitación a la fuerza y lo arrastró a través de un oscuro pasillo, seguido de cerca por su esposa. El niño berreaba, se sacudía y pataleaba, convulsionado por una mezcla de bronca e impotencia.
El corredor desembocó en una puerta. El hombre la abrió y la escalera del sótano descubrió frente a ellos los primeros escalones, ya que el resto permanecía tragado por la oscuridad. El señor Gómez soltó al niño y de un empujón lo hizo rodar escaleras abajo.
El hombre y la mujer descendieron y se detuvieron a mitad del trayecto. El niño se incorporó y permaneció de pie en el fondo del subsuelo, temblando, rodeado por un mundo de tinieblas. El llanto que hacía instantes laceraba los oídos del matrimonio cesó de repente, y la casa quedó sumida en el silencio más absoluto.
Pasaron, quizá, diez segundos.
De pronto, fue como si la propia oscuridad cobrara vida. Primero se oyeron ruidos de cadenas que se arrastraban, luego unas formas indefinidas se movieron en la penumbra, hasta que al fin emergieron de la sombra y se recortaron nítidamente contra el fondo negro: una docena de mandíbulas cuadradas, del tamaño de una cabeza, con dos hileras de colmillos brillantes como el acero.
Olfatearon el miedo. El miedo era su alimento.
Un terror animal se apoderó del pequeño. A su alrededor, las quijadas mugían y se acercaban, abriendo y cerrando sus grandes fauces con voracidad. El niño apenas pudo procesar en su esquema mental lo que estaba ocurriendo. La locura lo invadió y se extendió por todo su ser como una enfermedad, haciendo colapsar su sentido de realidad. Y en su lugar sólo quedó un horror ciego, sin matices. El puro miedo.
Pero la pesadilla para él duró poco: las mandíbulas, atacadas por una creciente sensación de gula bestial, cayeron sobre el cuerpo del niño desgarrando la carne, triturando el hueso, cortando de cuajo el aliento contenido. La jauría se disputaba con ferocidad los restos de la víctima, tironeando de cada extremo, hasta que el cuerpo no tardó en quedar desmembrado en medio de un río de sangre.
El matrimonio contemplaba el espectáculo con frialdad.
— ¿Ese era el último? —preguntó la mujer.
El hombre asintió con la cabeza.
— No les durará mucho —agregó.
— No —dijo el hombre—. Esperemos que al menos nos dejen dormir.
— Sí —respondió la mujer.
El festín estaba llegando a su término cuando el matrimonio dio media vuelta y salió del sótano en silencio. Cerraron la puerta despacio, con una sensación de placentera calma en el rostro, como dos drogadictos que se dieron un toque después de varias horas de involuntaria abstinencia.
Volvían a la sala tomados del brazo, un matrimonio feliz, cuando la mujer pareció desvanecerse. Se echó sobre el pecho del hombre y se llevó una mano a la boca, ahogando un grito.
— Marta, ¿qué te pasa?
— ¡Alberto! —gritó. El cuerpo se le dobló en una súbita contracción—. Me parece que…
— ¡¿Qué?! —gritó el hombre.
La señora Gómez se aferró con fuerza de ambos brazos de su marido, clavándole las uñas en la carne. La cara se le contrajo en una mueca convulsionada por el dolor.
Una aureola de sangre comenzó a crecer en el delantal, en la zona del vientre.
La mujer respiraba con dificultad. Inhaló y exhaló con fuerza varias veces. Mugió como una bestia hasta inyectarse de sangre el rostro. Flexionó las rodillas, hizo un último esfuerzo, lanzó un grito y luego suspiró.
Acto seguido, una pata negra y velluda asomó por debajo del delantal, tanteando en el vacío. Luego, una a una, se desplegaron ocho patas más, y finalmente una bola viviente cayó al piso haciendo un ¡plop! junto con un chorro de líquido sanguinolento.
La mujer volvió a suspirar, esta vez con alivio.
El hombre observó todo con impavidez, ni siquiera cuando la mujer vomitó sobre su camisa hubo un gesto o contracción en los músculos que delatara alguna emoción en su rostro.
— Otra boca más que alimentar —dijo inexpresivamente, mirando al monstruo retorcerse en el piso: no tenía ojos, nariz, ni otra cosa que deformara o embelleciera su aberrante fisionomía, solo una boca negra con dos hileras de filosos colmillos, y patas de tarántula naciendo alrededor.
La mujer levantó en brazos al fruto contrahecho de sus entrañas, abrió la puerta del sótano y, antes de hundirse en la oscuridad junto a su nueva descendencia, se volvió hacia su marido.
— Debe tener hambre, Alberto —dijo en tono maternal.
El hombre comprendió el metamensaje en las palabras de su mujer.
El llanto agudo del recién nacido comenzó a resonar en el interior de su cabeza: la llamada terrible, perentoria, de la cría, y sintió que su chillido se le clavaba como cientos de navajas en el cráneo.
— Voy por mi abrigo —dijo con resignación

lunes, 30 de julio de 2012

Luna

La luna es una 
solitaria luz
única, irreverente 
y despistada la 
mirada que me 
eleva a su infinita
contemplación...

Un camino de estrellas
iluminan mi peregrinar,
como enjambres de abejas
que persiguen mi caminar.













Soledad:

Soy una fiel espectadora del teatro de la vida,
donde tantos me observan y de quien tantos se alejan.
No soy buena,
tampoco soy mala,
soy imparcial como la muerte misma.
Es por eso que también soy incomprendida,
e irónicamente a la vez,
mundialmente conocida.
Soy admirada y sin embargo,
tan poco deseada,
cuando mis fríos abrazos son triste condena de algunos
y dulce consuelo de otros.
Soy todo esto siendo tan poco,
siendo la nada que te envuelve,
siendo la soledad únicamente.

Me tienes y estoy sin ti

cuando la noche 
se presente fria y desolada 
enamorate de mi ...

cuando tus problemas 
sean tan grandes y no encuentres razon 
y te sientas sola y desamparada 
buscame con el corazon ... mi corazon 

cuando el mundo
te grite lo diferente que eres 
ven a mis brazos ... por que no eres diferente a mi .

veras que todo 
cuando estemos juntos 
sera mejor ...

aun no te conosco 
aun no se quien soy 
y te busco por que me encuentro en ti 
prisionero en tu corazon ...

poco a poco pasa el tiempo 
y no se nada de ti 
poco a poco pierdo el aliento 
y solo me reconosco en ti ...

abreme tu corazon 
dejame salir 
brindame la libertad 
aunque solo sea 
para darme la vuelta 
y volverme a encerrar ... 

solo te espero 
y solo sigo creyendo 
que volveras a mi 
aunque nunca te vi 
y yo estare junto a ti por siempre 
aunque nunca junto a ti ...


Ironia

Ironía es la frustración
de solo poder ofrecer las palabras
que se atoran en tu garganta

Irónico es que después de
tantos tequilas, charlas y amigos
sigas mostrando tus ojos vacíos

Irónico es tener a alguien 
que no está contigo
u ofrecerte por completo
a quien no sabe querer.

La ironía es la complejidad de lo simple
lo laborioso de lo más práctico
es la soledad de quien siempre está acompañado.

Ironía, es sentir calor en las palabras
y solo frío en algunos abrazos y besos.

La ironía es esa locura que nos rige
es buscar la paz con anarquía.

La ironía no es nadie
e irónicamente lo soy yo,
lo somos todos.


Viendo la realidad con los ojos cerrados

Ese sueño es tan intenso
su mirada fija en la de el
quieren q sea eterno
desea q la bese sin detenerse

estan solos en la habitacion
sus miradas lo dicen todo
no quieren alejarse de esa emocion
el pone su brazo alrededor de su cuello

el dice q no quiere q se vaya
ella dice q se tiene q marchar
el pregunta volveras???
ella dice no lo se pero quisiera

el sueño continua

entonces un sonido estremsedor
los hace separarse por unos segundos
el regresa y olvidan de nuevo
se acuesta junto ella

platican hasta el amanecer
se embriagan hasta mas no poder
estan juntos y se dicen muchas cosas
pero ninguno hace una promesa

ella se marcha,esperando poder volver
el espera q vuelva la quiere ver quiere estar con ella
a las 2 horas ella le habla y le dice q volvera
el la espera con ansias para por lo menos poder sentirla


amanecen otro dia juntos
entre la oscuridad de la noche
pasan tantas cosas
y ella se dice a si misma
despierta!!! esto no puede ser


no puede hacerlo xq ese sueño
fue la realidad una relaidad
q duro tan poko y solo un minuto
ella tiene q olvidarlo

y se repite despierta!!!!
no puedes creerlo
pero cuando cree haber despertado
el sueño apenas empieza


cuando todo empieza a parecer verdad
ella quiere cerrar los ojos
para poder soñar con la realidad
pero cuando lo hace el sueño termino.


El amor vive más allá de la tumba

El amor vive más allá de la tumba,
De la tierra que se desvanece como una sombra.
Yo amo en los abismos,
Pues el fiel y verdadero amor
Yace en un sueño eterno;
La felicidad de las suaves noches
Llora en la víspera del rocío,
Donde el amor jamás es reproche.
Lo he visto en las flores,
Y en la ansiosa gota de lluvia
Sobre la tierra de verdes horas,
Y en el cielo con su inmortal azul.

Lo he oído en la primavera,
Cuando la luz certera,
Cálida y amable,
Flota sobre las alas del ángel,
Trayendo amor y música en el aire.
¿Y dónde está la voz,
Tan joven, tan hermosa, tan radiante,
Que envuelve el encuentro de los amantes?
El amor vive más allá de la tumba,
De la tierra, las flores y la sombra,
Yo amo sus torturas,
Sus jóvenes y fieles tersuras


Lágrimas, Indolentes Lágrimas

Lágrimas, indolentes lágrimas, no sé qué significan:
Lágrimas que desde lo profundo
De alguna divina desesperación
Se alzan en la esencia del corazón,
y se reúnen en torno a los ojos
Al contemplar los alegres campos de otoño,
Pensando en los días que ya nunca serán.

Frescas como el primer rayo brillante sobre la vela,
Convocando a nuestros amigos del inframundo,
Triste como el último lamento agónico
Que se hunde en el abismo con todo lo que amamos.
Tan tristes, tan frescas, como los días que ya no serán.

Tristes y extrañas como los oscuros crepúsculos del verano,
Las primeras voces de las aves cantaron
Sobre los oídos muertos, junto a los muertos ojos
Que contemplan la mañana trepando sobre la ventana;
Tan tristes, tan frescos, como los días que ya no serán.

Amados como el recuerdo de los besos tras la muerte,
Y dulces como la indiferente fantasía fingida
Sobre aquellos labios que serán de otro;
Profundas como el Amor,
Profundas como el primer Amor,
Salvajes huellas de un pálido remordimiento.
Oh, amarga Muerte en Vida, ellas son el lamento
Por los días que ya nunca serán


Muriendo....



Aqui estoy, aqui estas...
mi corazon esta roto,
¿no te das cuenta?
Mirame a los ojos y dime lo que ves..
toma mi corazon y vete lejos..
mi alma llora,
mi vida apesta,
y mi corazon esta herido
Necesito un concejo..
¿Dime que pasa con el mundo?
¿Dime que hacer con mi soledad?
Dime
Ya estoy muriendome y quiero saberlo..
Los espiritus estan viniendo, 
los estoy sintiendo,
Apurate no tengas miedo
tu alma esta conmigo, 
tu miedo tambien
lo puedo sentir ...
Por fín te veo sufriendo, 
No respires
asi vamos muriendo
¡oh dulce amor..!
¡oh amado mio..!
Estoy despertando,
me estoy perdiendo ..
Ayudame a volver
ya no estamos muriendo...

Otoño muerto

En un bosque otoñal 
mi alma llora, 
hay lágrimas en mis mejillas, 
licor en mis labios, 
la esperanza en mis pupilas 
y en mis muñecas la salvación. 


Lobos hambrientos exigen alimento, 
demonios infernales entonan la canción 
que trata de soledad y tristeza 
odio y dolor. 


Tirado en el suelo, 
absorbido por la tierra, 
ya solo veo una luna de sangre 
¡¡ Traidora, astro infame !! 
tu luz ya no me ilumina, 
el ataúd se abre. 


Pero aun te busco a ti ángel amado, 
que alguna vez al cielo me llevaste 
con tus alas blancas, sin mancha de sangre, 
ahora la mía las adorna, 
pero ya es tarde, 
solo deseo volver a verte 
y hacer que toques el infierno, 
acompáñame, para que mi rostro tenga la sonrisa, 
la que tu una vez amaste 
y enseguida la convertiste en cenizas. 


Al fin el telón se cierra, 
los árboles florecen, 
la canción termina, 
la soledad se desvanece 
y el otoño muere.

Melodía oscura

La melodía de mi muerte
Ábreme tu alma, déjame ser parte de ti,
con muchos gritos y aullidos mi soledad implora por ti...


Tú tienes la llave que tanto tiempo he buscado
dámela abriré mi alma y te enseñare el misterio oculto
dentro de mi obscuro mundo...
Y si tú me dejas, yo seré tu cruz y tú consuelo,
tu amante, tú vida ó tu muerte...
Y la puerta que tanto tiempo estuvo cerrada 
A tu solitaria alma
Al fin los pasos borraré y escribiré dentro de una obscura gama...
Tiempo sólo dame tiempo y Sabré cuáles son los secretos que tienes
encerrados en tu solloza alma...
ven a mí y seré tu noche mágica, tu mundo 
tu crepúsculo...
Para no deplorar este mensaje estas líneas solo deberían decir TE AMO

Valle de la muerte



Yo nací
Ahí crecí, ahí viví
En la sombra del valle de la muerte
Yo te conocí
Eras un alma que, al igual que yo,
Andabas en pena.
No conozco más de ti
Tu nombre...
Y no se mas.
En la sombra del valle de la muerte
Te encontre, te ví
Y para mi desgracia,
Me enamore de ti.
No me importo nada,
No me importo el no saber si tu
Me querias.
Solo pensaba en el amor que sentía
Y la luz de la oscuridad
Nos rodeo en un abrazo eterno,
Nos brindo su protección,
Nos brindo su calor, 
Un calor que no podíamos sentir.
No me importo darte todo lo que tenía,
Para mi tu eras lo más importante.
Deje que me mataran
Para darte a ti la vida.
Deje que me asesinaran
Para darte la dicha que yo no poseía.
Tu aceptaste mi sacrificio
Y volviste a la vida
Creí entonces que me querías
Creí que era tiempo de demostrar
Lo que sentíamos.
Pero tu decidiste que no.
Decidiste que no me querías
Decidiste que yo no era nada
Decidiste que no significaba nada en tu vida
Y te alejaste.
¿Un error, acaso piensas, soy para ti?
¿Que era yo en tu vida?
¿Que lugar ocupaba en esta sombra de muerte que nos cubría?
No lo se
Nunca me lo dijiste
En la sombra del valle de la muerte
Yo nací,
Crecí,
Viví,
Te conocí,
Te ame,
Y morí de nuevo
No por mi, solo por ti
No por mi, solo por ti.
En la sombra del valle de la muerte
Yo escribí mi triste historia,
Mi decadencia
Que comenzo el día en que te conocí.

Licantropía

manos manchadas de sangre amada 
tanta pena a la luz de la luna 
el pentaYa no quedan lagrimas 
ojos secos de tanta pena 
tanta melancolia 
y que tortura es la eternidad sin llorar 
grama en mi mano arde. 
y mis amados fantasmas aun me maldicen 
los veo pudrirse ante mis ojos secos, 
mientras la bestia en mi rie salvajemente 
sobre sus cuerpos destrosados y putrefactos 
la locura se apodera lentamente de mi, 
la humanidad se diluye a la luz de la luna. 


Ya no quedan lagrimas 
se las llevaron los siglos entre la plata y hierbas fatales 
se las llevaron las batallas con gitanos y brujos. 


Ya no quedan lagrimas 
ojos secos sin pena 
esa se fue con la humanidad 
que se perdio entre la carne humana en mi estomago 
corazones virgenes me odian 
les grito que no era yo 
piden que me suicide 
pero el miedo a la muerte es mas fuerte.... 
y ¿a quien engaño? 
estoy empesando a disfrutar esto..... 


Entre pueblos lejanos aun hay presas faciles 
hoy la plata no es tan comun como antes 
ademas la gente no cree 
este mundo cientifico y racional 
olvido no existo...soy solo un enfermo 
los cazadores andan mas preocupados de ovnis y sicopatas 
los cuentos de viejas son eso: cuentos de vieja 
a los cuales un joven no presta atencion 
porque esta mas preocupado del celular 
y la moda que viene.... 
¿quien imaginaria un cuento de vieja sacandote los pulmones 
y estrujando el corazon antes de que siquiera puedas gritar? 
ojos secos 
olvidaron llorar (¿lo hicieron alguna vez?) 
y ese ejercito de espectros quienes son (¿importa?) 
me acusan de olvidarlos 
me rio mientras se pudren 
ellos no importan siempre han estado 
igual que yo 
un cuento de vieja 
solo importa la luna 
despues de todo 
solo soy un enfermo....de algo que llaman licantropia